Guy de Chantepleure se cuenta entre los más amenos escritores franceses: sus historias tienen todas las virtudes de las buenas novelas, donde se alternan el argumento apasionante, el estilo fácil, el toque psicológico y el desarrollo de la trama, llevado con la verosimilitud de un maestro de realismo, a la vez que con el sentido poético que no puede faltar en una obra que, como es la suya, se realiza en plena realidad así como en pleno ensueño.