“Ya había anochecido cuando llegó K. La aldea estaba hundida en la nieve. La colina del castillo estaba oculta, envuelta en la niebla y la oscuridad; ni el más débil rayo de luz permitía descubrir que había allí un castillo. K. estuvo largo rato parado en el puente de madera que conducía del camino real a la aldea, contemplando el aparente vacío que se desplegaba sobre él.”