“Toda dictadura es siempre una novela” ha dicho Asturias.
Componer la novela de una dictadura, sobre todo cuando se exacerban como aquí las posibilidades imaginativas de la ficción, equivale a ofrecer, potenciándolo, el significado con que se concibe ese hecho histórico: hacer que la novela en cuanto tal, obre como adecuada metáfora de la historia misma. Asturias hace aun más: “mitifica” lo histórico, y al operar de esa manera, al mismo tiempo lo universaliza.