Nadie podría negarlo. En los últimos años la sociedad chilena ha experimentado una verdadera revolución. Han concluido -finalmente muchos de los cambios estructurales que se venían reclamando en Chile desde hace dos décadas atrás; y muchos de ellos han significado considerable progreso para el país. Pero si de verdad se quiere que esos cambios perduren y se consoliden, es necesario tener el valor de mirar y pesar lo que alrededor de ellos existe y no es progreso.