La señora Freelman abrió la puerta del horno, y un aroma de pavo asado se extendió por la cocina.
Levantó la tapa del asador para echarle una ojeada maestra a la dorada y olorosa ave y cerró de nuevo la puerta del horno. Seguidamente se volvió a Corliss
Ditmer, para decirle:
-En treinta minutos más, estará listo.