Volcanes y terremotos
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El hombre del llano, el que vive en la pampa, la pradera y la estepa, ve pasar los días y los años en un paisaje inmutable y poco sabe de las tremendas fuerzas de la Naturaleza que paulatinamente y sin cesar van cambiando día a día, hora en hora, la faz de la Tierra.
Allí, en la llanura, los grandes, ríos se desenroscan mansamente deslizándose semidormidos por sus meandros espaciosos y serpeantes. La brisa suave se cuela entre los árboles y mece las espigas rubias de las sementeras. La lluvia es tranquila y bienhechora y toda la vida se desenvuelve en un marco de paz y mansedumbre.
Diríase que las fuerzas internas y externas de la Tierta actúan alli suavemente, amablemente, como amordazadas por una sordina untversal.
Pasan años y lustros y generaciones y el paisaje es el mismo.
El río sigue corriendo por su mismo lecho, inmutable y sereno.
Los campos florecen año a año en preñadas espigas. Y los árboles están allí, inmóviles en su vejez legendaria.
Parecería que el tiempo no existe o que los años han pasado sin dejar señales. Pero el cambio existe. El paisaje cambia per-manentemente, en un devenir lento y pausado pero seguro e incesante. Tan lento que el ojo poco sensible del llanero necesita varias generaciones para descubrir que su mundo, su paisaje, no es tan inmutable, tan fijo e inanimado como suponía.
El hombre del cerro, del valle y la montaña, el que…
Valor :
$8.000






