El mestizo Alejo y la criollita
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El continuado y extendido éxito de esta obra, hija de un poeta con fantasía novelesca, prueba que los mitos nacionales sólo están pidiendo el verbo para encarnarse.
Victor Domingo Silva ha prestado el suyo a éste.
El Mestizo Alejo viene desde los días heroicos de la Conquista, cuando los paladines que habían vencido a todos los ejércitos de Europa, y se creían con razón invencibles, se encontraron en el último rincón del mundo, después de pasearse por el imperio azteca y por el imperio incásico, por sobre mosaicos de espaldas encorvadas, con esa muralla de
“levantados pechos” que les opusieron los araucanos, con ese bosque de lanzas vivas, embestidoras.
Chile brotó de ese choque.
Entre los primeros productos del cruzamiento, y como un anuncio de los frutos que la mezcla de sangres daría, el Mestizo Alejo se yergue, astuto, valeroso, sagaz, escurridizo y flexible, como caña de bambú sureña, capaz de traspasar una cota de malla sin quebrar-se, tan aguda es su punta.
El novelista ha sabido no solamente componer un cuadro y describir un ambiente, una época, sino que ha dado alma a personajes reales y les ha hecho andar, hablar, batirse, en una palabra, existir delante de nosotros.
La intriga resulta apasionante. Poco a poco el relato va tomando cuerpo y la corriente apresurándose hasta que la lectura se hace insensible; no se sabe que se tiene en las manos un libro; se escucha una historia, más aun, se la vive, se comparten sus peripecias y se sufren y gozan sus alternativas derrotas y victorias. Y el público, gran juez, único crítico inapelable, ha dado, por lo demás, su fallo definitivo al reclamar nuevas ediciones de “El Mestizo Alejo”.
Valor :
$12.000







